lectorzuela

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Anoche tuve mi primer sueño en inglés, o al menos el primero que recuerdo.

Estaba en una cafetería pequeña, sentada en la barra. Había dos chicas más conmigo, yo estaba sentada en medio de las dos. Ahora no recuerdo si conozco o no a las chicas. La que estaba sentada a mi derecha dijo que estaba muy contenta de poder tomar café. Hacía preguntas sobre el tema. Que si uno podía tomar café a cualquier hora, que si había que tener más de veintiún años, etc.

La chica que estaba sirviendo el café y yo le contestamos que sí y entonces ella dijo que odiaba su ciudad. Yo le pregunté de dónde era y ella dijo que vivía al otro lado de la calle. Y todas sabíamos que al otro lado de la calle estaba Utah. Luego la chica comenzó a decir “what” con una voz aguda. “What”, cada quince segundos más o menos, y seguía hablando, pero cada rato decía “what”. Entonces la chica que servía el café le dijo: “estás diciendo ‘what’ sin darte cuenta”.

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Cosas

Hoy hicimos el plan de “carving pumpkins” y luego ya en mi casa, horneé mi primer pan/torta(¿?), de calabaza también. Han sido unos días complicados revueltos con buenas noticias porque viene el Negro y vamos a ir a NY. Y sí, todo está bien y pinta mejor en ciertos sentidos. Lo de las calabazas no estuvo mal: me gustó la calabaza Tim Burton. Yo me fui de esnob e hice un gato. Y sin embargo sigo teniendo el impulso (enfermo) de decir que estoy mal o triste o aburrida cuando me preguntan en qué ando. Raro…ImageImage

El Peak

El lunes 23 el pico amaneció nevado. Cuando salí de la casa me pareció ver nieve en las montañas, un parche de nieve apenas, pero unos metros más adelantes vi el pico, que hasta ese momento había estado pelado. Todo el pico estaba cubierto de nieve. Creo que di un brinquito de alegría. Es la misma sensación que me producía ver el mar cuando íbamos a Cartagena a ver a la abuela Elida. Ella no vivía cerca del mar, así que cuando el mar aparecía, a lo lejos, siempre me emocionaba.

El pico nevado me impresionó, me puso contenta (sí, también pensé en el frío). Creo que esa es una de las cosas buenas de estar de visita en un lugar que no es el de uno. Hasta ahora casi no pensaba en las montañas. Para mí no eran más que otros cerros, de los que también tenemos en Bogotá. La mañana del 23 almorcé afuera, mirando la nieve en las montañas, un paisaje que nunca antes había tenido enfrente. Ahora la nieve se derritió casi por completo, pero aprendí a apreciar estas montañas.

El jueves me descubrí un roto en el pantalón y decidí ir al mall a comprar otro. El trayecto en el bus duró cuarenta minutos y pude ver las montañas todo ese tiempo. Son enormes y están tan cerca, y son muchas, están por todas partes,  y las más pequeñas se ven como tela arrugada. También vi unas rocas que parecían puestas ahí intencionalmente, una especie de fortaleza en una de las cimas. Y también vi las porciones de tierra que quedaron peladas después de los incendios de este y el año pasado. Traté de imaginarme las montañas cubiertas de nieve, pero no pude, y aunque tengo miedo del invierno y del frío, me hace mucha ilusión ese nuevo cambio en el paisaje.Imagen

18 de septiembre

Mi primera semana de clases no estuvo muy bien. Mis estudiantes pasaron la mayor parte del tiempo mirándome con cara de confundidos, hice un par de chistes que no se entendieron, el tablero sigue siendo una herramienta muy difícil de usar, aún tengo dificultades con eso de presentar las reglas y perdí varios asistentes solo en una semana.

Hasta ahí lo malo.

Lo bueno de todo esto es que he tenido que pensar mucho para mejorar, he tenido tiempo para pensar y he aprendido. En primer lugar, se trata de una clase adjunta de idiomas de baja intensidad horaria. Eso es problemático porque no puedo esperar el mismo nivel de compromiso que un profesor de las materias de la mañana (que tiene 15 horas a la semana o más). El lado positivo, the silver lining, es que puedo probar. El syllabus no es definitivo y, si algo no funciona el martes, puedo pensar en algo distinto para el jueves. Además, no tengo que correr para cumplir el programa, porque yo hago el programa.

También aprendí que no debo hablar tanto. Quería que los estudiantes hablaran, que hablaran en español todo el tiempo, pero quería lograrlo haciéndoles preguntas, porque se supone que de eso se trata participar. Lo peor es que las preguntas salían de presentaciones sobre América Latina (personajes, música). Y no… ellos quieren y pueden hablar, pero no quieren hablar delante de todo el mundo. Porque les da pena, porque no conocen muchas palabras, porque están cansados, porque no quieren ser los ñoños, porque no saben mucho de Latinoamérica y el son cubano, por lo que sea. Pero sí están dispuestos a hablar entre ellos. Suena fácil, pero yo no lo sabía. Así que me dediqué a recolectar buenas ideas entre mis conocidos, amigos y colegas. Para la clase de hoy les pedí que formaran parejas, les mostré fotos de celebridades y de objetos de la vida común y les pedí que hablaran, que dijeran todo lo que se les ocurriera. También les pedí que anotaran el vocabulario nuevo y las expresiones que no habían podido decir en español.

Al final, se fueron a casa mucho más sonrientes y con una enorme lista de vocabulario construida por ellos mismos.

Y ellos me hicieron las preguntas.

El primer evento

El viernes pasado fue agitado. Me levanté “temprano”, o sea a las siete, desocupé mi morral y caminé hasta la parada del bus misterioso que nadie toma (previa investigación en Google) para ir a Safeway. No fue mucho, pero debí haber tenido en cuenta esas cinco cuadras antes de comprar todo lo que compré.

 En Safeway encontré lo que necesitaba para los snacks de la tarde y la cena de la próxima semana. Compré como si nunca fuera a volver. Y lo pagué al regreso, a lo largo de las cinco cuadras y con treinta grados y un sol bárbaro sobre la cabeza. Con todo y eso, el viaje en bus fue revelador por lo menos en dos sentidos: 1) no estoy tan atrapada como creía y 2) parece que solo la gente muy pobre usa el servicio público (?). Y sí, estoy juzgando por las apariencias sumadas al hecho de que NADIE por estos lados del campus parece tener la mínima idea de cómo usarlo.

“Census data on commuting patterns found little changes over the four years between 2007 and 2011. About 75 percent of Coloradans still drive alone to work, 10 percent carpool and 3 percent take public transportation”. (Fuente: http://www.inewsnetwork.org/posts/census-colorado-poverty-rate-higher-income-lower-fewer-jobs/)

 ***

Para la actividad con las chicas —y los dos chicos— de la casa preparé tres juegos/actividades para que se aprendieran los nombres y se conocieran un poco más. De comer hice dos dips, uno de pimentón y otro de cilantro, para que se los comieran con tostitos y zanahorias. También hice arepas: las metí en el horno y quedaron… raras. Lo bueno es que ellos no saben a qué saben las arepas ni cómo se ven (creo). Vinieron todos, menos cuatro. Estuvo bien. La cosa duró una hora, el tiempo que tardó en acabarse la comida. Me dio gusto ver, por fin, la sala llena de gente. Por la noche se armaron pequeñas fiestas privadas en los cuartos. Las chicas vinieron a visitarme y vimos Lo imposible, una película horrorosa y deprimente. Todas lloramos.

 Me fui a dormir completamente agotada, pero satisfecha. Tenía mucho miedo del primer encuentro y, aunque debo calcular mejor la relación esfuerzo/duración de la “actividad cultural“ la próxima vez, puedo decir que hice bien el trabajo. 

Septiembre 5

Tengo dos espejos bastante grandes: uno en el baño y otro junto a la puerta. El del baño tiene, además, cuatro bombillas en el borde superior, como en los camerinos de las actrices, o al menos los camerinos que salen las películas.

Todos los días me paro unos momentos frente a ellos, por eso me di cuenta o en caí en la cuenta de que hace mucho tiempo no me miraba con tanta frecuencia en un espejo. Y es que en Bogotá también tenemos dos, pero uno es opaco y el otro es pequeñito y tiene como sesenta años de raspones y mugre y, en fin, uno se ve borroso. Lo cierto es que hace tiempo no tenía una impresión cotidiana de mi propia imagen, de mi cuerpo completo. Y ha sido una reconciliación.

Puede que sea cierto lo que me dijo Gabriel, que muchos acá tienen sobrepeso, entonces uno se ve más delgado (por ende, ¿mejor?). De todas formas, verme cada día, de frente, de perfil, con y sin ropa, ha hecho que mi cuerpo me caiga más en gracia, y hace tiempo no me sentía así. 

Del lado de acá

Nei me cuenta que en Bogotá el día estuvo pesado. Se ve mucha gente caminando porque no pasan buses y, si pasan, van muy llenos. Todas las publicaciones de Facebook se refieren al paro y muchas de ellas invitan a sumarse a la movilización. Mientras tanto, yo estoy en el sofá de mi cuarto, me puse encima una manta que encontré y que es perfecta para la hora —en las tardes refresca— y terminé de ver Before Sunset, que había empezado anoche, justo después de ver Before Sunrise. Llevo diez días aquí y no sé si voy a lamentar este ritmo lento la próxima semana, cuando empiece a “trabajar en serio”. Apenas tenemos un compromiso cada día: una reunión corta que se toma tres horas de la mañana. Así han sido mis jornadas hasta ahora y casi me siento culpable: porque mientras Nei trabaja mucho o porque debería estar haciendo cosas más productivas.

Claro que no debería sorprenderme tanto. Al fin y al cabo, esa es una de las razones por las que este parecía un muy buen trabajo. 

You wanna get out of here? Get rid of that monkey!

Hoy proyectaron Toy Story 3 en uno de los prados de la universidad. Cuando vi que esa era la película me pareció medio raro, pero no: tiene todo el sentido del mundo. Estoy segura de que no fui la única a la que se le escaparon unas cuantas lagrimitas. Me sentí muy conectada con mi trabajo mientras la veía. No sé si entre los asistentes había algún futuro estudiante —y en todo caso se rieron un montón cuando Buzz pasó a modo español—, pero por primera vez desde que llegué me imaginé enseñando y me imaginé en un mismo espacio con ellos sin sentir que estaba fuera de lugar. De verdad nos estábamos divirtiendo. El plan de los juguetes para escapar de la guardería me hizo pensar en un par de ejercicios de clase. Y otra vez me enganché y “viví” el drama cuando todos se resignan a morir quemados y se agarran de las manos; incluso Woody se rinde en ese momento. Es muy intenso.

La gente llevó sillas, cobijas, crispetas, alguien llevó a un perro (que se estuvo quieto todo el rato, además). Cuando Barbie dijo eso de “authority should derive from the consent of the governed, not from threat of force!”, varios aplaudieron/se rieron; escuché un suspirito general cuando la mamá de Andy entra al cuarto y ve que está vacío. Camino de mi casa, cuando ya se había terminado la película, Mayumi me mostró dónde queda la lavandería. Voy a necesitar 9 quarters para una carga (1,25 para lavar; 1,00 para secar).

Los estudiantes todavía no han llegado y la casa siempre está en silencio cuando vuelvo de la calle. 

De los jóvenes de estos tiempos

El RA (residencial advisor) es un estudiante que vive en las residencias de la universidad y que está ahí por si hay líos menores: música fuerte, gente que fume en los cuartos, cosas dañadas, etc. En esta casa también hay RA. Se llama Carol. El primer día se portó divinamente conmigo, me preguntó si estaba todo bien, hablamos de la universidad y de la vida en las casas de idiomas y hasta me acompañó a comprar una tarjeta de teléfono. Luego pasaron tres o cuatro días sin que la viera.

Anoche llamamos a la chica de francés para ver una película y nos contestó que su casa estaba llena de estudiantes que hacían galletas. Dijo, además, que Carol también era su RA y que subió a su habitación y la invitó a comer con ellos. Como soy toda una drama queen, me sentí un poco mal e imaginé que la chica me odia un poco, me va a hacer mala propaganda y nadie va a venir nunca a mis actividades.

La chica de francés nos dijo que fuéramos y comiéramos galletas, así que fuimos igual y le dije a Carol que, la próxima vez, tenía que cocinar en nuestra casa y hacernos publicidad y convocar gente. Me dijo que fue a la casa francesa porque la cocina es más grande y más bonita que la nuestra (y es cierto).

Conclusiones:

1. No creo que Carol me odie, pero sí he hecho una cosa contraproducente desde que llegué: hablo todo el tiempo de lo vieja que estoy. Así las cosas, puede que Carol esté un poco prevenida y sienta que yo puse distancia entre nosotras desde el principio.

2. Necesito ideas para cocinar algo campeón y sencillo y ofrecerlo al público la próxima semana.

3. Necesito conseguirme un aventón al supermercado.

4. La masa de galletas fue una revelación: es un balde, como de helado, pero tiene masa con chips de chocolate, todo listo. Uno hace bolitas con la masa y las pone en el horno, las bolitas se “derriten” y listo: galletas en 15 minutos.

5. Tengo que dejar de referirme a los estudiantes como “kids”. (Aclaro que no les digo kids en su cara, pero cuando hablo de ellos digo kids, por ejemplo: there are two kids living in the Spanish house).

6. Esta gente está muy desparchada. No se imaginan el gentío que había en esa casa, solo porque se regó la noticia de que había galletas. ¿Se imaginan el efecto que van a causar mis ______________? (Vuelva al punto 2 de estas conclusiones y haga su aporte)

Un barco frágil de papeeeeeeel…

Llegamos antes que los demás para participar de la semana de orientación de los estudiantes internacionales. Por supuesto, todo el mundo es muy joven (freshmen-senior); mis colegas apenas tienes 22-23. Así que cuando me dijeron que Giacomo, el chico italiano, era más bien mayorcito, me entusiasmé. Y es que era muy incómodo ver cómo los chicos me preguntaban si era mi primer año, pero con aquella cara descreída, porque me veían muy vieja para ser una compañerita más.

El jueves fuimos a una fiesta de pizza y ahí estaba, finalmente, don Giacomo. No habían pasado diez minutos y el hombre ya me caía gordísimo: señaló, en este orden, que el sueldo era miserable, que la ciudad era aburrida, que estabas jodido si no tenías carro, que debías dormir con tapones en los oídos porque todos eran muy ruidosos, que nadie quería aprender italiano y que solo seguía en Colorado porque había conseguido novia.

Qué tipo más horrible, me dije, me recuerda a mí.

Entonces pensé en eso que dicen, que los opuestos se atraen, y pensé en las numerosísimas reuniones que hicimos antes de que viniera a esta ciudad, en lo bien que me he sentido y me han sentado estos años, desde que soy grande, en esta hermosa familia sustituta que hemos conformado. Pensé que es una suerte tenerlos en mi vida.

(lástima que ustedes, por otro lado, tengan que lidiar conmigo: ¡Ja!).

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Y el Nei, cuyo patrocinio hizo todo esto posible.